entregó su informe final, y aunque marcó un hito en la historia del país, su impacto real en la sociedad ha sido limitado. El Estado peruano sí dio algunos pasos: se creó el Consejo de Reparaciones en 2006 y se entregaron compensaciones económicas a víctimas y comunidades, sobre todo gracias a la presión social en tiempos de Alan García. Sin embargo, más allá de esas reparaciones materiales, en lo moral, educativo y en la salud los avances han sido mínimos (Lerner y Villasante, 2023, p. 371). Muchas víctimas sienten que no se ha hecho justicia porque no basta con un pago económico. Lo que reclaman es reconocimiento, apoyo psicológico, oportunidades y sobre todo una memoria viva. Desde el gobierno de Alberto Fujimori se empezó a construir una historia que ocultaba los crímenes del Estado y glorificaba a las Fuerzas Armadas, lo que alimentó la condena al trabajo de la CVR (Lerner y Villasante, 2023). El Ejército incluso respondió con su propio libro “En honor a la verdad", en el que defendía la institución y minimizaba sus responsabilidades. En vez de convertirse en un recuerdo común para todos, el Informe quedó en medio de dos posiciones: los que resaltan las violaciones del Estado y los que solo recuerdan la derrota del terrorismo. Por eso se dice que “no caló en la sociedad”. Como explica Cotlear (2024), la CVR logró avances en derechos humanos, pero no consiguió unir las distintas miradas del conflicto. Se enfocó en la violencia política y dejó de lado aspectos como la crisis económica y la caída de la democracia, lo que dio lugar a dos relatos que no dialogan entre sí: el de la violencia y el de la economía. Además, Querejazu (2023) señala que el hecho de que el Ejército publicara su propio libro para defenderse muestra que todavía hay memorias divididas y que falta mucho para una verdadera reconciliación.
legado jurídico de la CVR en Perú, Reyes (2023) señala que muchas recomendaciones de naturaleza judicial no han sido monitorizadas sistemáticamente, lo que dificulta evaluar el grado real de cumplimiento, y que numerosos casos siguen sin sentencia condenatoria o están paralizados por demoras procesales. Además, el acceso efectivo a la justicia para las víctimas en zonas rurales o aisladas continúa siendo un desafío, tanto por barreras geográficas como por carencia de recursos institucionales (Reyes, 2023).
- A pesar de los avances normativos e institucionales, muchas víctimas del terrorismo en el Perú aún viven en condiciones de pobreza, marginación y con dificultades para acceder a servicios básicos como salud, educación y vivienda.
- Las secuelas del terrorismo no solo fueron materiales, sino también emocionales y culturales. Muchas comunidades siguen cargando con traumas, estigmatización y fracturas sociales que afectan la reconstrucción de su tejido comunitario.
- Las zonas rurales, sobre todo de la sierra y la selva, fueron las más golpeadas por la violencia, y paradójicamente siguen siendo las que menos apoyo estatal reciben en materia de reparación y desarrollo.
- Implementar programas permanentes de salud, con énfasis en el acompañamiento psicológico y comunitario, considerando el impacto del trauma en la vida de las víctimas y sus familias.
- Priorizar a las regiones más afectadas por el terrorismo (sierra y selva) con proyectos de desarrollo rural, infraestructura, educación y acceso a servicios básicos.
- Organizar debates, foros o exposiciones sobre el impacto del terrorismo y la importancia de la paz, para sensibilizar a los compañeros.
- Vincularse con asociaciones juveniles o universitarias que trabajen por la memoria, la paz y la reconciliación.

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